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El vertedero de la democracia



Javier Antón Ruiz

No sé qué abunda más, si la indecisión, la indignación o la desidia, sirva ya este inicio como protesta de lo que resta:

Porque hay uno que, arremangándose como un “salvapatrias”, no se le ha ocurrido levantarse y emprender camino hasta ver pasar el cadáver del enemigo. Otro, tras huir del apestado, como un San Pedro cagueta y traicionero promete lo que lleva negando en los últimos tiempos. Por su lado, los pequeñitos y los más egoístas seguirán sesteando sobre los laureles de la comodidad mientras claman por utopías que nunca apoyarían de hacerse realidad y ven pasar el miura del caos y la desconfianza desde una tranquila barrera hecha de una madera de corazón podrido.

Hoy domingo otra vez a las urnas (conozco a uno que, de nuevo, tiene que pasar todo un domingo de vocal, mismos puesto y mesa que en las municipales: la puñetera suerte, que la quiere uno primitiva y sale democrática, mire usted), pero cada vez con una mayor impresión de que la urna, por muy transparente y aséptica que nos parezca, está ejerciendo funciones de retrete, de estercolero donde arrojar lo que no sirve pues, por desgracia, nuestros votos tienen más riesgo y menos valor que la prima esa que se quiere dejar toquetear y cuanto más la soban más intereses se le exige -lo de, además de cornudo, apaleado, para entendernos.

Y lo más terriblemente cierto es que este sistema que tenemos es el mejor que ha habido: que unos pocos hayan sobado, pervertido y ajado nuestra democracia no es excusa suficiente (además de ser muy fácil y de cobardes y de niños malcriados) para pedir ahora su suspensión y que venga un Putin ibérico a hacer y a deshacer a su antojo o unos tecnócratas que no por no soportar presiones políticas (¡ja!) van a saber sacarnos del agujero. (Un inciso: ¿se imaginan a Rajoy “requeteganando” las elecciones y que luego nos pase como a Italia o a Grecia y se nos exija un gobierno de concentración o de tecnócratas? Sería como mostrarle todos “los chuches” a la famosa niña y, en el momento en que les vaya a meter mano, apartarlos de su alcance: ¡qué crueldad!).

Hay que reivindicar más democracia y más transparencia, más participación (votando se empieza a participar) y reparto de derechos y, ¡también, ojo!, deberes. Ya no podemos disculparnos con aquello de “yo no sabía” o “no me lo habían dicho”, así que a exigir pero también a cumplir. Que no se nos venda un irrisorio estado de bienestar con letra pequeña e ininteligible en la hipoteca-trampa, y no dejemos de reflexionar para discernir entre lo que merece la pena y lo que es oropel de baratillo. Que dejen de colocarnos en la dialéctica del “conmigo o contra mi”, porque esa dualidad de barata película comercial donde sólo existe el bien y el mal y donde sólo se puede estar con uno o con otro es tan impostada y falsa como un billete de 30 euros.

En democracia nada puede ser más desolador que identificar las urnas donde se vota a quien nos gobierna con una escombrera o una cloaca; a pesar de esa sensación generalizada y por mucho que se pueda perfeccionar el método y las consecuencias, hay que utilizarlas con cabeza y sin maniqueísmos, demostrándonos, por ejemplo, que por mucho que nos obliguen a elegir entre papá y mamá, entre Barça y Real Madrid, hay otras opciones, y la dualidad en la práctica tiene tantos matices como votantes; también, ¿por qué no?, se puede expresar un rechazo unánime a lo que se nos ha sobrevenido votando en blanco o con un grado de abstención indecoroso, lástima que para que tomasen esto en serio el desapego de los votantes tendría que ser desorbitado.

Lo dicho: que no sé si mi indecisión es tan grande como la indignación o, peor aún, la desidia que nos corroe, pero he querido exponerla como protesta, como pancarta que se tiende en la plaza pública denunciando la falta de transparencia de nuestros políticos, como cualquier otro medio que deberíamos tomar en conjunto para demostrar en la práctica lo que ya sabemos todos, que no queremos manipulación ni engaños y que les exigimos un verdadero servicio público, que para eso se les vota y si no nos veremos todos de verdad botados.
Fuente: Javier Antón Ruiz
Fecha: 20/11/2011
   
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