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| El Atún Rojo |
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Andrés Román Lozano
El atún azul o común, también llamado atún de aleta azul, atún rojo o cimarrón, es una especie (thynnus) que suele vivir en el oeste del Océano Atlántico (Noreste y Noroeste), este del Mediterráneo y en el Mar Negro. Concretamente: en el Atlántico Noreste desde Canarias a Irlanda, alcanzando a Noruega e Islandia.
Es el atún por excelencia y puede llegar a medir más de dos metros y sobrepasar los trescientos kilogramos. Es un pez pelágico que pasa su vida en aguas libres, aunque en la actualidad hay empresas que los capturan vivos para después engordarlos en jaulas en alta mar. Se nutre o alimenta de peces más pequeños tales como sardinas, boquerones, caballas, jureles, cangrejos. Es muy voraz y persigue los bancos de peces acumulando grasas, cuyas imágenes vemos puntualmente en los documentales televisivos. Continúan con su alimentación durante las migraciones, sin desviarse de las rutas tradicionales e incluso comen plancton merced al filtrado de agua a través de las branquiespinas que sobresale de la cara anterior de los arcos branquiales.
Su cuerpo es fusiforme, de sección circular, densa y robusta en su parte central, muy hidrodinámico, con un pedúnculo caudal estrecho sobre el que hay una quilla a modo de alerones, como corresponde a una especie con gran capacidad de movimiento. El dorso es azul oscuro, los flancos más claros y el vientre plateado. Tiene dos aletas dorsales y una ventral seguidas de pínnulas. La primera dorsal es amarillenta, la segunda marrón rojiza y la anal es negruzca con trazas amarillentas. En función de su morfología, este pez no puede dejar de nadar ya que si no lo hace no respira y dado su enorme peso caería al fondo del mar, razón por la que se le considera un pez errante y al propio tiempo el cazador marino más veloz.
Migrante o errante, el atún realiza dos migraciones: la de IDA o de derecho que tiene lugar en primavera. Es en esta estación cuando decenas de miles de atunes llegan a nuestro Estrecho después de haber recorrido, en algunos casos, hasta 8.000 kilómetros desde los puntos más alejados del Atlántico Norte. La segunda o de VUELTA, llamada por los pescadores “atún de revés”, es cuando los peces nadando a muy pocos metros de la costa regresan al Atlántico después de haber desovado en las cálidas aguas del Mediterráneo.
Por la Historia sabemos que en el Estrecho, durante los últimos dos mil meses de julio, es decir durante veinte siglos, romanos, fenicios, árabes y etcétera, pescadores todos ellos, aprovecharon las migraciones de los “cimarrones” para capturarlos sin tregua y depositarlos en la orilla de la playa. Llegaron a capturar ejemplares de hasta 400 kilogramos y casi 4 metros de largo; ideales para conservas o, como en la actualidad, comerlo crudo en los restaurantes japoneses, habida cuenta que se le considera un manjar exquisito. Por cierto, los músculos con los que impulsan sus migraciones han sido convertidos en delicia gastronómica por los especialistas en la materia.
El atún es un recurso natural que debe ser gestionado con responsabilidad, máxime cuando contribuye notablemente al bienestar nutricional, económico y social de una población mundial en constante crecimiento, que sin lugar a dudas demandará en los próximos 20 años casi un 50% más de alimento.
En cuanto a sus propiedades nutritivas destaca por ser un pescado azul, 12% de grasa rica en ácidos grasos omega-3, que ayuda a regular los niveles de colesterol y de triglicéridos en sangre y a hacer ésta más fluida, con lo que disminuye el riesgo de arterioclerosis y trombosis. En cada 100 gramos se obtiene 23 de proteínas, superior incluso a las carnes. Vitaminas hidrosolubles: B, B2, B3, B6, B9 y B12 y las A y D, que son liposolubles. Asimismo minerales como: el fósforo, magnesio, hierro y yodo. Sin embargo, se recomienda un consumo moderado para quienes padecen hiperuricemia o gota.
Recurso natural de alta estima que ha sufrido, según datos de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) una disminución del 90% entre 1970 y 2009. En el Mediterráneo calculan que esa declinación es sobre un 50% con indicios racionales de incremento acelerado en ambas zonas. Comisión Internacional que celebró en Marrakech el 17.10.2008 una conferencia sobre el particular con asistencia de 46 países, dada la magnitud y gravedad del problema. Asimismo, el Instituto Pesquero de Halifax en Canadá manifiesta que sólo queda el 10% de los ejemplares existentes hace medio Siglo. Finalmente dejan constancia del colapso de los pecios del Golfo de Méjico.
Entre las causas que aceleran su extinción mencionan: las excesivas capturas, la utilización de redes a la deriva, el uso de palangres de varios kilómetros de extensión con miles de anzuelos a los lados y el establecimiento de cercos para el engorde artificial que impiden la migración para el desove. Es este carácter migratorio el que hace más difícil la protección de los thynnus, porque aunque se establezcan santuarios marinos donde se impida su pesca, los grandes barcos pueden esperar a capturarlos en cualquier otro mar.
Fuente: Andrés Román Lozano Fecha: 10/03/2010 |
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