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| Lothar Bergmann ha muerto. Viva Lothar Bergmann |
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Shus Terán Reyes
He de confesar que soy llorón por naturaleza. Con cualquier historia se me dibujan lágrimas en los ojos. Lloré el otro día viendo las imágenes de la caída del muro de Berlín. Lloro aún viendo repetidos capítulos de Verano Azul y cuando escucho a Diana Navarro cantando Sola.
Pero ayer, lloré con verdadera angustia. Con verdadero dolor, con verdadera pena. Porque si es cierto que la certeza maldita de la intuición me decía que de esta nueva zancadilla puesta por la puñetera vida Lothar no conseguiría levantarse, tenía por otro lado la esperanza de que el tarifeño más alemán y el alemán más tarifeño, volvería más temprano que tarde a recorrer las empedradas veredas que se abren por la campiña tarifeña para llegar a alguno de los abrigos rupestres que sólo a él el viento le revelaba su ubicación. Pero, que puta que es esta áspera mujer llamada vida, que nos pone en nuestro camino a personas tan admirables, tan sencillas y tan hermosas como Lothar Bergmann para dejarnos muy poco tiempo que disfrutar de él. ¿O no? O deberemos de entender quizás la posibilidad de haberle conocido como un regalo de la vida.
Lothar ha emprendido una nueva búsqueda hacia un nuevo estado, una nueva conciencia. Y quiero pensar que allí donde esté se encuentre con su amigo Terán Gil, despistado entre cientos, miles de papeles que repasa con lupa y que hablan de aquel mágico lugar donde van las gentes güenas. Y allí, le dirá ¿Cómo está chikillo? En un acento alemán incapaz de borrar a pesar del tiempo entre nosotros. Y le dará una patada al bastón y emprenderá paseos infinitos por el sendero del tiempo descubriendo mil y un resquicios de otras épocas lejanas. Y quiero pensar que será así. Que una persona buena, que tanto ha dado por lo demás sin obtener nada a cambio, no muere del todo, sino que se transporta o se transforma.
Lothar Bergmann se nos ha ido como él era, callado pero luchando. Ganando batallas de una guerra perdida antes de empezar. Lothar Bergmann se nos ha ido rodeado del amor de su mujer a la que envío un fuerte abrazo. Allí desde su Valhalla contemplará nuestro desasosiego por no volver a verle y disfrutar de su siempre agradable conversación.
Sólo espero. Sólo confío que esta puñetera tierra que tanto exprime a sus hijos y con tan poco les paga. Algún día, espero que no muy lejano, valore en su justa medida la valía, el esfuerzo, el trabajo, las ganas, el empeño que Lothar Bergmann puso en cada cosa, en cada historia que emprendió.
Lothar Bergmann ha muerto. Viva Lothar Bergmann
Fuente: Shus Terán Reyes Fecha: 12/11/2009 |
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